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El transporte absorbe en España el 43% de la energía final y es el sector que más presión ejerce al alza sobre las emisiones de CO (DIÓXIDO DE CARBONO), principal gas de efecto invernadero.
El 4% es el índice de crecimiento anual del consumo de energía en el sector del transporte, lo que significa que este consumo se duplica cada 20 años.
Más del 50% de las emisiones de agentes contaminantes como óxidos de nitrógeno (NOx) o monóxido de carbono (CO) provienen de los vehículos de transporte por carretera.
Los ciudadanos europeos cada vez viajamos más en coche y en avión, y, menos en tren y autobús.
Además, cada vez compramos más coches ( en 1997 los ciudadanos europeos poseíamos 170 millones de coches, un incremento del 65% desde 1980).
En Europa, la mitad de los viajes motorizados implica desplazamientos de menos de 3 km. En estas condiciones, el consumo de energía de los coches y las emisiones de CO (DIÓXIDO DE CARBONO) aumenta en un 60%.
Por todo lo anterior, debemos incrementar la eficiencia en los vehículos, no sólo para ahorrar energía, sino al mismo tiempo para reducir emisiones de sustancias que afectan a nuestra salud, al medioambiente y al clima.
Debe potenciarse el uso de combustibles procedentes de las energías renovables, al mismo tiempo, con motores más eficientes y que consumen menos cada vez. Además, reducir el número de viajes con los vehículos privados en circulación.
Gracias a la introducción de los catalizadores y los avances de la electrónica, las emisiones de los automóviles se han reducido drásticamente en los últimos años. Un coche actual contamina un 95% menos que uno fabricado a comienzos de los setenta.
Asimismo, las mejoras en los sistemas de medición, que permiten analizar sustancias indetectables hasta ahora, junto con la reciente aparición de coches ecológicos, sobre todo los híbridos, abren nuevas puertas a la reducción de las emisiones nocivas y dan una primera solución a los problemas de contaminación de las urbes.
Estados Unidos marca el camino en cuanto a la aplicación de nuevas soluciones, y Europa lo sigue con retraso. El catalizador, por ejemplo, es obligatorio en Estados Unidos desde 1970, pero no ha llegado aquí hasta los años ochenta. Al menos, desde 1995, la Unión Europea exige que los consumos y emisiones se midan arrancando el motor en frío, que es cuando más gasta y contamina. Y a partir de este año, exigirá que todos los coches nuevos lleven una etiqueta con la cantidad de CO que emiten por kilómetro.
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